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Adultos/as mayores

La República Argentina es el país mas envejecido de Sudamérica y, a su vez, la Ciudad de Buenos Aires es el distrito más envejecido. En el país la población mayor de 60 años asciende a 13,44%, y en la Ciudad de Buenos Aires asciende a 21.95%. Esto hace pensar que desde nuestro Instituto se debe promover acciones tendientes a proteger a los adultos mayores que se encuentren en situación de discriminación y vulnerabilidad, transmitiendo los conocimientos básicos sobre sus derechos a estos efectos.

El Plan Nacional contra la Discriminación en su capítulo correspondiente a los Adultos Mayores indica que, aun “cuando la prolongación de la vida humana, producto del avance científico es uno de los logros del siglo XX, ella trae aparejada,  para la franja etárea de adultos mayores, el surgimiento de nuevos desafíos y problemas sociales, que conllevan en muchos casos situaciones de discriminación.”

Envejecer es un proceso dinámico, gradual, natural e inevitable, en el que se dan cambios a nivel biológico, corporal, psicológico y social, que transcurre en el tiempo y esta delimitado por éste. No constituye una etapa rígida sino que es una parte más del crecimiento del ser humano como lo son la niñez, la adolescencia o la adultez.

En cada contexto histórico social se construye una imagen y un rol de las personas mayores, valoradas de distinta manera. En muchas sociedades los ancianos son estimados por ser los que guardan el conocimiento de sus culturas y por la experiencia que han acumulado a lo largo de los años. “Cada vez que se muere un anciano/a, es para nosotros como que se nos quemara una biblioteca entera, porque nuestra cultura es oral”, señalan los representantes de los pueblos originarios de nuestro país. En esta cultura los ancianos/as son respetados y cuidados.

El modo en que se elaboran los cambios biológicos, psicológicos y sociales que trae aparejado el paso del tiempo es producto de condicionantes socio-culturales previos. Cuando se otorga un signo negativo a estas transformaciones psico-sociales y corporales, se relega a las personas mayores a una relación de subordinación y pasividad, descalificándolas como sujetos de acción, negando su capacidad de autonomía y participación social.

En nuestra sociedad, donde se valora a los seres humanos por su vinculación con la capacidad de producir o de acumular riqueza material, el paradigma a emular resulta ser el de la juventud, sana, fuerte, y productiva. En sentido inverso, se ha cargado de signos negativos la ancianidad, asociándola a la enfermedad, incapacidad y la improductividad.

Sobre la base de esta valoración negativa estereotipada se han generado toda clase de actitudes y prácticas discriminatorias, que van desde el aislamiento en el seno de la familia a la falta de respeto en la vía pública o el maltrato en las instituciones, todas estas, situaciones que la sociedad naturaliza. Un ejemplo de ello resultan cuestiones que a diario se ven y que son tomadas como normales tales como las personas mayores  en  las larguísimas colas de jubilados que, bajo el sol o la lluvia, esperan durante horas el momento de cobrar haberes jubilatorios.

La combinación de los fenómenos de aumento de la esperanza de vida -producto de los avances científicos y la disminución de la mortalidad- y la baja de la fecundidad, tienen como resultado que las poblaciones hayan envejecido. En nuestro país, la pirámide poblacional verifica un aumento de la franja de mayores de 60 años y una transformación de la conformación de la pirámide familiar tradicional, con más abuelos que hijos.

La población mayor de 65 años en argentina ha variado de un 7% en 1950, a un 13,3% en el año 2000, El proceso de envejecimiento en la ciudad de Buenos Aires es el más acentuado de todo el país.

A nivel nacional, la esperanza de vida al nacer ha aumentado de 62,7 años en 1950/55 (60,4 años para varones y 65.1 para mujeres) a 71 años en 1985/90 (67.6 años para varones y 74.6 para mujeres). Esta tendencia continúa acentuándose.

Este Programa tiene por objeto promover los derechos de los adultos/as mayores en situación de discriminación y vulnerabilidad. Para este fin se desarrolla la Red por la no discriminación a los Adultos Mayores articulando con centros de jubilados, asociaciones y otras organizaciones relacionadas con la temática de tercera edad, a través de talleres, campañas de difusión, información, concientización, capacitación, prevención, sobre los derechos de los adultos mayores, para evitar de esta manera cualquier tipo de discriminación.

El programa apunta a que las personas mayores se transformen a su vez en conocedores y trasmisores de la temática, de forma tal que puedan multiplicar la información y lograr la disminución en la discriminación hacia el mencionado sector etáreo.

A través del programa se realizan talleres específicos destinados a la formación de capacitadores que puedan cumplir el rol de agentes multiplicadores del conocimiento adquirido. Dado que estos talleres apuntan en principio a formar a los representantes de los centros de jubilados y organizaciones de tercera edad, el efecto multiplicador se estimará a partir de la formación que se irá replicando en cada una de las organizaciones participantes.

Al momento se trabaja con una Red integrada por 94 organizaciones entre las que se encuentran Centros de Jubilados, Asociaciones y  Organizaciones de Tercera Edad, a fin de seguir incrementando la misma, capacitando y promocionando sus derechos.

 

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